EL INCENDIO DEL ASENTAMIENTO RESONANTE
Descripción
La noche en que los seguidores de Earkhë asaltaron el Asentamiento Resonante, en la misma isla y a la misma hora en que su ritual fracasaba en las cavernas.
El fuego empezó en la madrugada. Algunos aldeanos intentaron reducirlo y no pudieron: por más esfuerzos que hicieran, el fuego se reavivaba. La mitad del Asentamiento quedó carbonizada y la otra mitad quemada y destruida. Lo más importante estaba en los subsuelos pedregosos, un sótano de dos plantas, que quedó tapado por las maderas quemadas y el derrumbe.
De los quince monjes que había, **quedaron tres vivos**. Los demás aparecieron empalados con lanzas en las afueras. Uno escapó antes con el pergamino de El Último Cantar y alcanzó al grupo temprano, malherido.
Lo peor no es el incendio sino quién lo hizo. Los atacantes no vinieron de afuera: eran **los propios aldeanos**, los más devotos, que se habían pasado en secreto al culto y que habían sido quienes alertaron a los cultistas de la visita de los monjes la noche anterior. Habían «vuelto» a sus antiguos ritos, los del mundo primitivo.
Quien llegue después encontrará una aldea que finge normalidad: los aldeanos conocidos están nerviosos porque los están obligando a quedarse, hay una fosa común de cuatro a ocho cuerpos tapada con tierra y hojas en las afueras, y en un cobertizo alejado tienen encerrados a los que se opusieron y se rindieron para no morir.
Y una crueldad práctica: los lacayos sugieren amablemente que los monjes se vayan a alertar al pueblo mientras ellos «ayudan» en la aldea. Es la forma sencilla de sacárselos de encima. No los aprecian, pero reconocen que los monjes los ayudaron a subsistir mucho tiempo, y esa gratitud residual es lo único que les salva la vida.
Consecuencias
== DESDE LAS AVENTURAS ==
La noche en que los seguidores de Earkhë asaltaron el Asentamiento Resonante, en la misma isla y a la misma hora en que su ritual fracasaba en las cavernas.
El fuego empezó en la madrugada. Algunos aldeanos intentaron reducirlo y no pudieron: por más esfuerzos que hicieran, el fuego se reavivaba. La mitad del Asentamiento quedó carbonizada y la otra mitad quemada y destruida. Lo más importante estaba en los subsuelos pedregosos, un sótano de dos plantas, que quedó tapado por las maderas quemadas y el derrumbe.
De los quince monjes que había, **quedaron tres vivos**. Los demás aparecieron empalados con lanzas en las afueras. Uno escapó antes con el pergamino de El Último Cantar y alcanzó al grupo temprano, malherido.
Lo peor no es el incendio sino quién lo hizo. Los atacantes no vinieron de afuera: eran **los propios aldeanos**, los más devotos, que se habían pasado en secreto al culto y que habían sido quienes alertaron a los cultistas de la visita de los monjes la noche anterior. Habían «vuelto» a sus antiguos ritos, los del mundo primitivo.
Quien llegue después encontrará una aldea que finge normalidad: los aldeanos conocidos están nerviosos porque los están obligando a quedarse, hay una fosa común de cuatro a ocho cuerpos tapada con tierra y hojas en las afueras, y en un cobertizo alejado tienen encerrados a los que se opusieron y se rindieron para no morir.
Y una crueldad práctica: los lacayos sugieren amablemente que los monjes se vayan a alertar al pueblo mientras ellos «ayudan» en la aldea. Es la forma sencilla de sacárselos de encima. No los aprecian, pero reconocen que los monjes los ayudaron a subsistir mucho tiempo, y esa gratitud residual es lo único que les salva la vida.
Cuándo: la madrugada del final del ritual fallido de Earkhë
Autores: los propios aldeanos devotos, pasados en secreto al culto
Bajas: de 15 monjes quedaron 3 vivos; el resto empalados con lanzas
Salvado: el pergamino de El Último Cantar, que un monje sacó antes
Daño: media estructura carbonizada; el sótano de dos plantas quedó sepultado
Se oculta: una fosa común de 4 a 8 cuerpos y un cobertizo con aldeanos cautivos