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La Cripta Subterranea

El subterráneo bajo la capilla en ruinas de Shurmen. Es un mausoleo antiguo que preexiste al uso que le dieron los demonios: alguien fue enterrado ahí en algún momento y los sarcófagos no son decorativos.

Descripción

Una cámara funeraria antigua, mausoleo más que sótano, convertida en base operativa de un grupo de demonios comandado por Juliamod, disfrazado de e-link.

Los demonios eligieron el lugar por lo que ya era: lo tomaron por su aislamiento y sus accesos ocultos, no lo construyeron.

Geografía

Se ubica bajo la capilla en ruinas de Shurmen y se baja a él por una escalera de diez metros.

Las paredes son de granito húmedo y los sarcófagos de piedra están dispuestos contra los muros. El suelo mezcla tierra suelta con baldosas que alguna vez estuvieron niveladas; crecen hongos en las juntas de las piedras y hay fragmentos de cerámica rota en los rincones. El olor cambia al entrar: deja de ser barro estancado y se vuelve algo más quieto y más viejo, a sellado y a tiempo.

Los pasillos son angostos en algunos tramos, lo suficiente para que un druida en forma de oso los llene casi por completo. Hay más de una sala y al menos una puerta lateral que conecta con otra sección.

Hacia el fondo se abren cámaras más profundas. Una de ellas tiene un círculo ritual grabado en el suelo, no un pentáculo convencional sino algo más complejo, con runas que combinan signos de destrucción y ruptura. Otra es una habitación lateral con puerta trancada desde adentro, donde un cúmulo de piedras servía de escondite.

Historia

El mausoleo es anterior a la ocupación demoníaca: alguien fue enterrado allí y los fragmentos de cerámica en los rincones son restos de un uso anterior más cuidadoso.

Mucho después la cripta funcionó como escenario de un intento de destrucción de El Último Cantar. El círculo ritual grabado en el suelo quedó de esa operación, que fracasó: cuatro demonios aparecieron quemados alrededor del círculo, con las espaldas intactas y el frente calcinado, muertos mirando hacia el centro, posiblemente al intentar manipular el ritual ellos mismos.

Notas

Lo que exigía el ritual

La magia necesaria para destruir El Último Cantar implicaba un círculo ritual, participación humana obligatoria y un objeto de poder que los demonios no podían manipular directamente: hacía falta que un humano sacara el pergamino de su tubo y recitara el ritual, porque ningún demonio puede tocarlo, ni a él ni a su contenedor.